SOMA
-Más,
más- Gime una célula, un feliz ensamblador.
-“Un solo centímetro cubico cura diez sentimientos melancólicos”-
balbucea
Veinte repeticiones, tres veces a la semana, durante 5 años
-Un solo centímetro de austeridad-
Aprieta su llave metálica contra lo que parece un bidón de acero
puro.
-Medio gramo para toda la tarde-
Sus ásperos guantes limpian los vidrios recién pulidos.
-o uno, o dos; vacaciones-
De tuerca en tuerca revolotean sus dedos, dejando migajas de
saliva y sangre de sus labios.
-dos, tres, cuatro-
Los segundos minutos, los minutos horas, las horas toda una
vida, la vida todo un infierno.
-soma…-
Se agarra el cabello por sobre su cuello vino tinto, lo enreda con
sus uñas empapadas de carne, suspira, inhala y escupe.
Igual a todos, hermano de hermanos de hermanos, uno más del
ovulo partido en cien.
Un descuido de dios, y de un incubado ansioso por su ración, con
las manos suficientemente diestras para crear vida pero no para atrapar la
píldora en el aire.
-No más- Pellizca sus ojeras y toma la llave con fuerza.
-Malditos sensoramas-
Desesperación.
-Neumáticas una tras otra-
Locura.
-No más golf, el condenado golf-
“Un solo centímetro cubico cura diez sentimientos melancólicos”,
la fábrica de incubadoras de Manchester cuenta con 300 obreros sigma menos, 240
pisos de producción y 500 metros de caída desde el balcón de la refinería de
piezas.
-Malditos alfas lo llevan en sus bolsos-
El director general tomaba aire aferrado al barandal.
-Malditos alfas y sus perfumes-
Caminaba a grandes zancos, con sus ojos rojos clavados en el
vacío.
-¿A qué se debe que salga de su puesto caballero?- Reclama el
director.
-Dueños del soma- respondió.
El acero voló Fragmentando el vidrio como gotas de agua.
-¡Hará que llame a la seguridad, señor!- las piernas del
director comenzaban a flaquear.
-¡Lo van a exiliar!- Gritó.
-¡A una isla desierta, sin helicópteros, sin sensoramas, ni soma!-
Esperaba convencerlo pero el siguió, las zancadas se aceleraron y sus ojos se
ahogaron en cólera.
Un simple empujón, arrastrado al vacío se aferró de su chaleco,
un solo gramo no bastaba, un solo paso al vacío y a 400 metros esperaba el
suelo.
Dos locuras, dos óvulos evolucionados.
No hay caída más dura.
Que una vida sin soma.
Comentarios
Publicar un comentario