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Mostrando las entradas de 2017

Entrevista

Gajes del oficio. Entrevistador: Alejandro Cardona Henao: (A) Entrevistado: Wunjo: (W) A: ¿Para qué nos levantamos tan temprano? W: Tenemos que ir hasta La Estrella. A: ¡Son las 4 de la mañana!, no es natural levantarse a esta hora. Mira la ventana, ni una sola paloma. Hasta ellas saben que hay que descansar. W: Deja de ser perezoso. Hay que bañarse. A: ¡mierda, ¿y con agua fría?! W: Sí, deja de llorar. A: Yo decido si lloro o si me baño. W: ¿Entonces piensas faltar? A: No, pero, solo recuérdame, ¿por qué hacemos esto? W: ¿Por qué hacemos qué? A: ¿Por qué nos levantamos tan temprano? ¿Por qué parece que siempre me obligas a hacer cosas que a simple vista son de locos sin remedio? W: Porque te gusta. Y te hace bien. A: ¿Me hace bien? ¿Qué mierda sabes tú de lo que me hace bien? W: Más de lo que crees. A: Claro, ¿así que tú sabes más de mí que yo mismo? W: Puede ser A: ¿Es un sí? W: Sé que es lo que quieres, lo que escondes con tanto temor. A: ¿Te...

Cartas

Febrero del 2017. Sabaneta, Colombia. De: Alejandro Cardona. Para: mi Armadura. Se cuenta que los escuderos acompañaban a todos lados a su caballero. Le servían y cargaban su equipaje. A cambio este le enseñaba los gajes del oficio. Pelear, leer, escribir y cuidar su armadura. Esta era la fuerza y el espíritu de un caballero. Cuando este moría la armadura pasaría a ser propiedad de su escudero y este pasaría a ser como su maestro. A ti, mi armadura, te debo lo que fui, lo  que pude llegar a ser, en ti han de brillar mis triunfos y cicatrizar mis derrotas. Junto a ti he enfrentado duros caminos, disfrutado de hermosos valles y palidecido en empinadas cumbres. Bajo tu cobijo he vivido mis más gélidas noches en las que poco a poco podía sentir cómo mi alma se vaciaba en ti. Y luego de tanto dolor, tanto amor, tanto miedo y tantos triunfos, eres en lo que con sudor y sangre, está marcado: lo que soy. Febrero del 2017. Guarne, Colombia. De: Alejandro Cardona. Para:...

11 de noviembre

11 de noviembre Confundido y despavorido, salgo de mi casa a las 5:00 p.m., en dirección al Metro. Debo encontrarme con ella. Me va a prestar un sleeping. O al menos esa es la excusa para poder ver su cara. Camino titubeante por la estación San Antonio, anhelando nuestro encuentro. Llego a la estación Itagüí y la llamo. La veo subir los escalones y  se me inquieta el corazón. Dice hola, me entrega el sleeping y camina hacia el Metro. Asume que la sigo y eso hago. Llegamos  a la estación Envigado antes de lo citado, entonces decidimos esperar un tiempo. Unos minutos con ella que me ayuden a sanar mi ansiedad. Al llegar la hora, nos dirigimos a la casa del jefe de tropa. La puerta como de costumbre estaba abierta y había gente adentro esperando nuestra llega da.   –“Dejen sus bolsos y salgan”– dice Arturo al instante en que crucé la puerta. Ella se queda adentro, junto a mi tranquilidad.  Éramos tres los troperos que estábamos sentados en la acera de a...

Luna

Luna: Astro celeste que llego a sentir carnal, desde pequeño juré que me seguía, ahora con el pasar de los años, entendí que me vigilaba. Por mucho tiempo me pregunté, ¿por qué razón brilla de noche la luna, si de noche las criaturas duermen plácidamente y tratan de descansar? Dentro de mi joven cabeza no cabía la idea de que algo tan hermoso, no deseara mostrarse a una hora en la que todos la pudieran apreciar. Juraba que el sol, atribuyéndose el título de dador de vida, retenía a la luna por el día, para que no pudiera salir. Luego de darle un sinnúmero de giros en mi cabeza, y de desvelarme tratando de que esta misma me explicara la razón, llegué a la conclusión de que la luna, surge para vigilar las almas que salen a pasear en las noches. A velar porque no confundan su andar, iluminando de un tono grisáceo los rastros que dejan estas al caminar. Por eso cada vez que voy a dormir, le lanzo un beso a la luna, para que no olvide cuidar de mí.

El humo

El Humo Es bien sabido que el mayor enemigo de un fuego, además del agua, es el humo. El humo oprime las fuerzas del fuego dejándolo inerte y desvalido. Por eso a la hora de encender un fuego, se debe purgar la leña de impurezas que  lo generen, sobre todo los primeros troncos, los que se posan en la tierra. Estos deben de poder arder con tal fulgor que puedan calentar toda la leña puesta a sus alrededor, y ser rígido para no consumirse en sus propias llamas. El humo suele ser más notorio, cuando el fuego sucumbe,  en este momento, de la última llama famélica, sale un soplido blanco, para llevarse la fuerza que en ese se consumió. Se debe tener especial cuidado con este humo, porque es de los más vastos y puede llegar a abrumar a aquel que se cruce en su camino, dejándolo por pocos instantes completamente ciego y lleno de dolor, haciendo que hasta el más duro ser, tiña de rojo sus ojos.

Álgido

Álgido: Despavorida mordisquea sus labios, tiznados de petunias. Roza suavemente sus piernas cristalinas, sintiendo sus bellos, erguidos cual astillas. Nerviosa y trepidante agarra las sábanas partidas, Y con la luna en su córnea, mira las gotas esparcidas. Se recuesta con tambores fúnebres en sus entrañas. Y ruega auxilio a cualquier dios, con las aves mordisqueando sus memorias. Baja los párpados, tratando de encontrar sus fuerzas. Y se van calmando en su mente las aguas turbias. Exhala un último gemido de piedad a las lluvias. Para soñar con aluviones y el tocar de arpas frías.

Encuentro

Encuentro: Surcando los blancos cúmulos celestes. Libre, añorando encontrar alimento y un lugar en el que posar sus alas. Indecisa, pasando de rama en rama torpe y estruendosamente, alertando todo bicho que presencie su paso, posa sus garras en un sabio pino corroído por la maleza, dirige su mirada temerosa a un augurio gris que le advierte que el tiempo no espera. Se apresura, imprudente y afanada, mientras la incertidumbre la devora, Cada aleteo le nubla la vista, le hace querer la certeza del saber, la seguridad del rumbo fijo. Cada vez más sus fuerzas se sesgan, olvida lo que es, se pierde en lo que añora, a cada paso se sosiega su andar, y no encuentran rama alguna en la que posar sus penas. Se detiene pusilánime de descubrir, que aquello que repelía, le corre por la frente y le empapa los nudillos. Se confunden las gotas de pena con el roció. Levanta su brazo, deseando sentir el alud en su costado una vez más, sufrir conlleva esfuerzo, y sus fuerzas lo abandonan con cada gota...

La espesura

La espesura: Imponentes se erigen por todo el panorama. Su condición de inertes los vuelve firmes y sabios, se elevan buscando alcanzar los astros, pero siempre con sus raíces aferradas a la tierra. Pacientes a la hora de crecer, presenciando centenares de soles pasar sobre sus copas, y conociendo su  vigor, humildemente acoge vida dentro de su corteza, y vela por las aves que nacen en sus ramas. Cura el agua de los suelos y respira el odio de los hombres volviéndolo elixir de sanación, tomando energía del mismísimo sol para seguir su labor de protector. Cuando cae fatigado por el arremeter de los años, en sus últimos minutos, se entrega a la tierra que le dio de beber y sirve de nutriente para la vida que albergó en su piel. La verdad esta nunca acaba, pues los ecos de su tronco resonaran eternos, y su él transmutara, en otra vida; e incluso muchas más. Por esta razón, es que, desearía crecer lo suficiente para albergar un bosque en mi corazón.