Cartas

Febrero del 2017.
Sabaneta, Colombia.
De: Alejandro Cardona.
Para: mi Armadura.

Se cuenta que los escuderos acompañaban a todos lados a su caballero. Le servían y cargaban su equipaje.
A cambio este le enseñaba los gajes del oficio. Pelear, leer, escribir y cuidar su armadura.

Esta era la fuerza y el espíritu de un caballero. Cuando este moría la armadura pasaría a ser propiedad de su escudero y este pasaría a ser como su maestro.

A ti, mi armadura, te debo lo que fui, lo  que pude llegar a ser, en ti han de brillar mis triunfos y cicatrizar mis derrotas.

Junto a ti he enfrentado duros caminos, disfrutado de hermosos valles y palidecido en empinadas cumbres.

Bajo tu cobijo he vivido mis más gélidas noches en las que poco a poco podía sentir cómo mi alma se vaciaba en ti.

Y luego de tanto dolor, tanto amor, tanto miedo y tantos triunfos, eres en lo que con sudor y sangre, está marcado: lo que soy.


Febrero del 2017.
Guarne, Colombia.
De: Alejandro Cardona.
Para: mi Puñal.

No me saques sin razón, no me guardes sin honor.

Un juramento a tu hoja, un juramento a mi honor.

Mi más leal herramienta, tu filo no cederá mientras no lo haga mi voluntad. Tu acero no flaquea, al igual que mis piernas y eres capaz de arremeter con fuerza descomunal contra aquello a lo que no le temo.
Vieja hoja de acero, con olor a humedad y carbón, mi custodio y mi más grande compromiso.

Aquel juramento que unido al fuego de mi corazón entrelazó mi voluntad con el mango de tu acero, no se ha de romper si no en la muerte.

Y te juro que el día en que tu hoja flaquee en contra de la adversidad y sientas que toda esperanza se va, mi mano será aún más fuerte que tu metal.


Febrero del 2017.
Itagüí, Colombia.
De: Alejandro Cardona.
Para: mi Pañoleta.

Lealtad.

Inteligencia.

Valores tallados en el corazón, exhibidos y atesorados al mundo con honor.

Símbolo de unión con mis hermanos, unión con mis bases, unión con mi pasión.

Tu lugar yace junta a mi corazón, allí a la izquierda de su palpitar, en la mitad, en mi centro, mostrándome quien soy. Cuál es mi razón.
Y mugroso, o reluciente cual pañuelo de seda, lucirás con honor, pues nadie más que tú conoce lo que amo con vigor y lo que hace que mi cuerpo tiemble de terror.

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