Encuentro
Encuentro:
Surcando los blancos cúmulos celestes. Libre, añorando encontrar alimento y un lugar en el que posar sus alas. Indecisa, pasando de rama en rama torpe y estruendosamente, alertando todo bicho que presencie su paso, posa sus garras en un sabio pino corroído por la maleza, dirige su mirada temerosa a un augurio gris que le advierte que el tiempo no espera. Se apresura, imprudente y afanada, mientras la incertidumbre la devora, Cada aleteo le nubla la vista, le hace querer la certeza del saber, la seguridad del rumbo fijo. Cada vez más sus fuerzas se sesgan, olvida lo que es, se pierde en lo que añora, a cada paso se sosiega su andar, y no encuentran rama alguna en la que posar sus penas.
Se detiene pusilánime de descubrir, que aquello que repelía, le corre por la frente y le empapa los nudillos. Se confunden las gotas de pena con el roció. Levanta su brazo, deseando sentir el alud en su costado una vez más, sufrir conlleva esfuerzo, y sus fuerzas lo abandonan con cada gota, colérico escupe al suelo aborreciendo sus cadenas, deseando recobrar las fuerzas para sacudir sus amputadas alas, corre temeroso de perder su rosa de los vientos. Roza con un pino y sus piernas pierden fuerzas. Besa la tierra que le extiende sus brazos, agua y sal se juntan en sus ojeras y le dejan el sabor de la derrota en la comisura de los labios.
Apela a su cordura y respira a fondo, exhala humo blanco con rumor de firmeza, arranca los temores de su pelo y grita escupiendo al cielo que no ha claudicado. Rememora las yagas que cubre con su plumaje, siente la lluvia y entiende por qué busca caer, pisa fuerte, aliviana su alma y se decide a sentir la bruma del viento en sus alas, golpea sus costado con cual tronco se interponga en su camino y de cada golpe toma fuerzas para seguir arremetiendo, con su mente fija en sus más profundos anhelos, recordando su porqué, recordando lo que puede, y recordando lo que es, cierra los ojos, para abrirlos rodeada, de un plumaje gris.
Surcando los blancos cúmulos celestes. Libre, añorando encontrar alimento y un lugar en el que posar sus alas. Indecisa, pasando de rama en rama torpe y estruendosamente, alertando todo bicho que presencie su paso, posa sus garras en un sabio pino corroído por la maleza, dirige su mirada temerosa a un augurio gris que le advierte que el tiempo no espera. Se apresura, imprudente y afanada, mientras la incertidumbre la devora, Cada aleteo le nubla la vista, le hace querer la certeza del saber, la seguridad del rumbo fijo. Cada vez más sus fuerzas se sesgan, olvida lo que es, se pierde en lo que añora, a cada paso se sosiega su andar, y no encuentran rama alguna en la que posar sus penas.
Se detiene pusilánime de descubrir, que aquello que repelía, le corre por la frente y le empapa los nudillos. Se confunden las gotas de pena con el roció. Levanta su brazo, deseando sentir el alud en su costado una vez más, sufrir conlleva esfuerzo, y sus fuerzas lo abandonan con cada gota, colérico escupe al suelo aborreciendo sus cadenas, deseando recobrar las fuerzas para sacudir sus amputadas alas, corre temeroso de perder su rosa de los vientos. Roza con un pino y sus piernas pierden fuerzas. Besa la tierra que le extiende sus brazos, agua y sal se juntan en sus ojeras y le dejan el sabor de la derrota en la comisura de los labios.
Apela a su cordura y respira a fondo, exhala humo blanco con rumor de firmeza, arranca los temores de su pelo y grita escupiendo al cielo que no ha claudicado. Rememora las yagas que cubre con su plumaje, siente la lluvia y entiende por qué busca caer, pisa fuerte, aliviana su alma y se decide a sentir la bruma del viento en sus alas, golpea sus costado con cual tronco se interponga en su camino y de cada golpe toma fuerzas para seguir arremetiendo, con su mente fija en sus más profundos anhelos, recordando su porqué, recordando lo que puede, y recordando lo que es, cierra los ojos, para abrirlos rodeada, de un plumaje gris.
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